Los viernes con lluvia tienen desde que soy niño, un poder mágico. Se que termina la semana y disfruto mas de mi hogar. Escucho los autos pasar y ese característico ruido a calle mojada. Me preparo alguna infusión caliente y miro por la ventana horas enteras. Quedo inmerso en un estado de soledad y el tiempo se detiene.
La música se vuelve de alguna manera misteriosa lenta. Cada nota flota colorida y le hace frente al gris que quiere entrar desde afuera y me divierto siguiendo con mis ojos de invierno esa danza.


Los días van pasando de manera agradable, una noche puede durar mas que tres años y estar llena de aventuras.
Miro un poco hacia el horizonte y ya no analizo que habrá mas allá.
Oscilo entre alegrías, tristeza e inspiración y descubro que eso es combustible para seguir.
Que lindo que es vivir si se aprende como, si se acepta lo que nos toco en gracia.

" Como la naturaleza, la inteligencia tiene sus espectáculos. Nunca las auroras, nunca los claros de luna que me han hecho delirar tan a menudo hasta las lágrimas, han sobrepasado para mí en apasionada ternura ese amplio incendio melancólico que durante los paseos del final del día, matiza tantas aguas en nuestra alma, que el sol cuando se pone, hace brillar en el mar. Entonces precipitamos nuestros pasos en la noche. Más que un jinete al que aturde y embriaga la velocidad creciente de un animal adorado, nos entregamos temblando de confianza y alegría a los pensamientos tumultuosos a los que, cuanto más los poseemos y los dirigimos, sentimos pertenecer cada vez más irresistiblemente. Es con emoción afectuosa que recordaremos el campo oscuro y saludaremos las encinas llenas de noche, como el campo solemne, como los testigos épicos del impulso que nos arrastra y que nos embriaga. Elevando los ojos al cielo, no podemos reconocer sin exaltación, en el intervalo de las nubes aún conmovidas por la despedida del sol, el reflejo misterioso de nuestros pensamientos: nos hundimos cada vez más rápido en el campo, y el perro que nos sigue, el caballo que nos lleva o el amigo que se ha callado, más aún, cuando a veces no hay ningún ser viviente a nuestro lado, la flor de nuestra solapa o el bastón que revolotea alegremente en nuestras manos febriles, reciben en miradas y en lágrimas el tributo melancólico de nuestro delirio. "





Me construí a partir de muchas cosas, soy muchas cosas. Soy las tristezas injustificadas y las alegrías siempre disponibles para quien quiera hacer uso de ellas. Soy a veces un libro otras un discos, cada tanto una película. Soy un café o un te. Mates, si también. Soy otoño casi todo el año y a veces un poco verano. Soy hijo, hermano, nieto, sobrino, amigo, conocido. Soy mis argumentos, mis pensamientos, mi soledad.
Otra vez es domingo, otra vez estoy escribiendo o algo por el estilo y la conclusión siempre es la misma. Soy yo.